Campaneta esta muy triste por el último relato de Peter, ambos tienen el corazón encogido y el alma vacia, sabe que el futuro de ellos no es el soñado pero tampoco quiere el relatado por Peter y le propone otro final aunque no sepa si podrá cumplirlo.
Lo que pudo ser y lo que fue.
Año 2017. Había pasado ya algún tiempo desde su primer beso, de su declaración de sentimientos. Ambos continuaban con sus vidas e intentando ser felices dentro de sus posibilidades. Seguían pensando en el otro, ya no se escribían mensajes pero seguían mirando su blog y actualizaban su diario de a bordo cuando sentían la necesidad, sabían que en un momento u otro, el otro lo leería y saber que siempre se querrían les proporcionaba paz.
Siguieron siendo buenos amigos y se veían a diario y a veces quedaban para comer juntos, a visitar un museo o a pasear por la ciudad. Hablaban de todo menos de sus sentimientos mutuos, se lo decían todo con las miradas.
También hubieron algunos roces y caricias llenas de ternura, se querían más allá del deseo carnal.
Los días 20 de cada mes que caían en viernes, tenían unas horas para ellos solos.
En un punto de la ciudad que siempre era el mismo, quedaban a las 10h de la mañana. Estaban o no estaban y si uno o ninguno estaba se aplazaba al viernes de la siguiente semana, pero siempre sin decir palabra.
Se montaban en el coche y se dirigían a una habitación donde nadie les conocía, era su lugar especial. Allí a veces hacían el amor, otras se quedaban dormidos abrazados sin decir palabra, otras no paraban de hablar y reír y también algunas discutieron pero siempre acababan besándose.
Pasaban los años y aprendieron a convivir con esta forma de vida.
Escribieron un libro de relatos y cuentos al que llamaron MESENLLADELSMEUSSOMNIS por Peter y Campanilla.
La vida se les fue escapando pero eran felices a su manera. Un viernes 20 de abril de al cabo de muchos años, se dirigieron esta vez en taxi a su lugar especial, subieron el ascensor, se ayudaron el uno al otro a quitarse la chaqueta, pusieron la tele, esa mañana daban PETER PAN Y EL CUENTO DE NUNCA JAMÁS, se recostaron uno al lado del otro en el sofá, mirándose a los ojos se besaron como tantas otras veces y cogidos de las manos se durmieron.
Picaron a la puerta de la habitación para dejarles la comida pero ya nadie contestó.

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